El pasado sábado 24 de mayo, como tantos otros amigos y desconocidos, no quise perderme la inauguración que Albert Alís hacía en su estudio.
Como no, fue todo un éxito. Éxito de asistencia, con alcalde incluido, y éxito de la obra expuesta como ya nos tiene acostumbrados Albert. No descubriré yo que Alís es un gran pintor, pero me gustaría resaltar que lo que intenta resolver en su pintura y de la forma en que lo hace, es muy difícil por no decir dificilísimo. Sintetizar la realidad sin que pierda información, resolverlo con el mínimo de pinceladas, controlando la composición (fundamental en él) y con un exquisito control de la gama tonal es francamente complicado de afrontar. Hay que tener mucho conocimiento del lenguaje de la pintura para resolverlo con acierto y cuando eso ocurre es maravilloso.
A veces tengo la sensación que en Mataró se observa su pintura desde una visión más superficial, como si por el mero hecho de que sea figurativo, ya llevara implícito una peyorativa utilización del oficio. ¿Y acaso eso no puede ocurrir en artistas abstractos (que por cierto ayer no vi a ninguno) o conceptuales?. Yo personalmente pienso que Albert Alís se merecía haber dispuesto de las dos salas cuando realizó su última exposición en el Ateneu de la Caixa Laietana, con su correspondiente velada-tertúlia, como sí tuvieron P. Coll y J. M. Codina, pero Alís no la tuvo, no se por qué, quizás tenemos demasiados complejos.
En definitiva, fue una tarde para disfrutar; disfrutar de las conversaciones, de los cuadros, de los capgrossos (deliciosos) y del estudio que yo no conocía y que me maravilló verlo, porque es la envidia de cualquier pintor. Felicidades Albert.





